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| La financiación de la solidaridad digital |
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La Conferencia Mundial de Lyon tendrá lugar a fines de 2008; con la propuesta de firmar una convención sobre la contribución del 1% de solidaridad digital. Esto «marcará el comienzo de una sociedad, al fin, más solidaria», según el Alcalde de Lyon, Senador y presidente de la Agencia mundial de la solidaridad digital, que firma este manifiesto.
E n 2002, en Monterrey, tras dos años de haberse fijado los Objetivos del Milenio para 2015, todos los Estados del mundo se comprometieron a incrementar los recursos destinados al desarrollo. Compartiendo esta visión, las grandes empresas mundiales suscribieron un pacto mundial (Global Compact) subrayando su responsabilidad social en la concreción de dichos Objetivos.En 2003 y 2005, las Cumbres de Ginebra y de Túnez sobre la Sociedad de la Información (CMSI) permitieron analizar pormenorizadamente las consecuencias de la brecha digital que divide el Norte y el Sur, consecuencias que se agregarían a las disparidades intolerables ya existentes. Mucho se ha dicho y los compromisos de los países industrializados, en particular, han sido confirmados solemnemente. Las infraestructuras necesarias para atender las exigencias de la evolución técnica no dejan de modernizarse. Nada menos que Bill Gates lo dice: las próximas décadas serán aún más decisivas en el desarrollo de la sociedad de la información.
Si se confirma esta previsión, la globalización se limitará esencialmente a los «happy fews» que disponen de un acceso cada vez más sofisticado a la red de la información y de la comunicación. Esta perspectiva es inaceptable porque genera tensiones e incluso conflictos.
En este contexto, la iniciativa del Presidente de la República Francesa de reunir una Conferencia Mundial sobre la Solidaridad Digital y su Financiación al más alto nivel merece nuestro interés, al menos por tres razones : En un momento en que la asistencia pública al desarrollo no deja de disminuir, precisamos aceptar a toda costa la idea de mecanismos innovadores de financiación para el desarrollo, al menos para alcanzar una pequeña parte de los Objetivos del Milenio. Precisamente, la transición hacia una sociedad de la información nos presenta esta oportunidad única de replantearnos las cosas. En consecuencia, abundan las razones que imponen hacer todo lo que esté a nuestro alcance para que la Conferencia mundial de Lyon, en un contexto de tantas declaraciones de intención, se corone con resultados concretos. Si existe una voluntad política y si los Estados industrializados realmente anhelan reducir la brecha digital, entonces la «Convención de Lyon» marcará el comienzo de «otro desarrollo » y de una sociedad de la información, al fin, más solidaria.
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