De
la brecha digital a la exigencia de un amplio movimiento de solidaridad
Con los últimos
avances en el desarrollo de tecnologías y medios de comunicación,
asistimos al nacimiento de una sociedad de la información
que, a la vez que transforma nuestra forma de comportarnos en
el ámbito público y privado, crea nuevas oportunidades
sociales, políticas, económicas y culturales en
todo el mundo. Al mismo tiempo, esta revolución mundial
deja de lado a millones de hombres y mujeres (los pobres digitales),
la gran mayoría de los cuales vive en países en
desarrollo o en zonas rurales aisladas.
Diferentes estudios económicos
y sociológicos han demostrado que en muchos países
la brecha digital limita el desarrollo del capital intelectual,
acentúa el retraso económico y representa un factor
de exclusión de los procesos mundiales de intercambio.
A menudo, esta brecha digital aviva además la incomprensión
entre culturas y civilizaciones.
El Programa
de las Naciones Unidas para el Desarrollo constata
el fracaso de los países en desarrollo a la hora de acceder
a los cambios tecnológicos y alerta a la comunidad internacional
del aumento de las disparidades entre los países ricos
y los que no disponen de competencias básicas, recursos
o infraestructuras. La mayor parte de la población mundial
no tiene acceso a líneas telefónicas y, todavía
menos, a un ordenador. Por consiguiente, sociedades enteras se
encuentran marginadas a la periferia de las redes de comunicación.
Para frenar el incremento de las
disparidades digitales entre los países y en el interior
de un mismo país, las declaraciones de intenciones no son
suficientes. Es necesario intervenir con rapidez. Dar respuesta
al déficit de servicios básicos, invertir en la
alfabetización informática y ampliar el alcance
de los flujos de información constituyen un cometido fundamental,
que sólo podrá llevarse a la práctica con
un esfuerzo mundial de solidaridad entre las ciudades, las regiones,
los estados, la sociedad civil y el sector privado.
Para completar
los mecanismos de financiación existentes, tanto nacionales
como internacionales, la creación de un Fondo de
Solidaridad Digital, que se sustenta a partir de contribuciones
voluntarias y actúa de forma rápida y transparente,
representa una respuesta a la desigual distribución de
tecnologías de la información y la comunicación
(TIC). La labor del nuevo Fondo de Solidaridad Digital es promover
y financiar proyectos articuladores que puedan ofrecer una oportunidad
de entrar en la sociedad de la información a las poblaciones
menos favorecidas. |